30 /01 / 02 'El Mundo' por Regina Cortés

PALMA.- Vibrante, polémica y delirante son algunos de los adjetivos con los que se ha calificado la andadura musical de Cristián Fiebre, desde que lanzó su primer disco en 1996. Duros retratos urbanos unidos a un estilo musical, hasta ahora incatalogable, han sido la carta de presentación del chileno, hasta su salto a la fama con su participación en la banda sonora de Amores perros, una película que mañana se proyecta en el Casal de Joves Central.Tras una temporada residiendo en Méjico, el emblemático cantante ha decidido instalarse en Mallorca, desde dónde piensa continuar su carrera con la discográfica Surco, con la que ahora está preparando la grabación de su último álbum.

Los críticos no se ponen de acuerdo en un género musical. Hablan de techno folk, jazz, rock, incluso de 'melodías surrealistas'. ¿Cuál es realmente el estilo de Fiebre?

De surrealista tiene el concepto básico de Breton, «la belleza será convulsa o no será». En referencia al estilo, mi banda toca con instrumentos como la batería, bajo, guitarra, por eso podríamos hablar de rock, aunque no tenemos influencia consciente de blues, de música negra, que es lo que tiene o tendría que tener el rock auténtico. Tampoco hay una búsqueda consciente del folklore, pero es evidente que como hemos nacido en una cultura que tiene una fuerte influencia folklórica, mezcla de músicas traídas de África y Europa reprocesadas por la sensibilidad criolla, se perciben en nuestras canciones melodías y armonías similares al folk latinoamericano. La verdad es que la música de Fiebre es indefinible; ecléctica, pero de manera inconsciente.

Dicen que en la música de raíces, el folklore predomina el contenido sobre la forma. ¿Qué prima en sus canciones?

El paso más consciente es el de la letra. Las letras pueden esperar años. En cambio, hay músicas que me fascinan, de las que, desde un principio tengo la melodía de voz y la canción armada mentalmente. La letra es el proceso final, pero no por ello más o menos importante. Lo esencial es que música y letra estén perfectamente conectadas, ser un todo. No pueden ser concebidas la una sin la otra, son indivisibles.

El tiempo aparece muy presente en su retórica. Un pasado gris y un futuro que a veces es esperanzador y en otras ocasiones monótono. ¿ Es un reflejo de su propia experiencia o de la experiencia colectiva de Chile?

Mi experiencia va unida a la de mi país. Especialmente en mi primer álbum, Vivalavirxen, se marca la transición de la dictadura a la democracia. Los jóvenes chilenos estábamos esperando un destape a la española, una movida santiaguina, símil de la madrileña. Pero, finalmente nos dimos cuenta de que apenas pasó nada. Tal vez es ése el desencanto del futuro que se refleja en mis canciones.

Personajes pedófilos o asesinos son, entre otros, algunos de los protagonistas de sus temas. ¿Cómo se puede encontrar belleza en la maldad?

Desde el punto de vista moral no hay belleza; pero sí hay belleza si lo observamos desde el punto de vista del que está cometiendo la atrocidad. En el tema Morder a la niña de mi segundo disco, el protagonista no era consciente de que aquello era malo, para él era una historia de amor. Pretendo no dar pautas morales, tan sólo reflejar los sentimientos de una persona en un momento dado. Así, pese a que le sociedad le condene, el violador no sabe que lo que está haciendo está mal: él le dice 'mi amor' a la niña, es un sentimiento de amor y ahí hay belleza.

En una ocasión dijo que la canción «Amores perros», tema central de la película, era la más violenta de sus composiciones y un testimonio de lo que «yo soy realmente». ¿Pretende encajar dentro del prototipo de músico rebelde?

Para mí violento es sinónimo de vibrante, fuerte. Cuando canto en vivo tengo un público reducido, pero muy fiel. En la última etapa en Chile era necesario gustar, pero ya no era un requisito sorprender. La emoción importante se puede transmitir con estos amores raros. No soy Marilyn Manson ni canto canciones puras, estoy en un término medio. La violencia no es para mí una ideología ni una postura amoral, sólo es un recurso para lograr la belleza y el arte.